viernes, 3 de marzo de 2017

EL LARGO CARNAVAL DE LIMOUX, Francia


Limoux es conocida mundialmente por su vino espumoso, antepasado del champagne, y su carnaval tradicional que lleva celebrándose sin interrupción desde la Edad Media. Ostenta el título del más largo en duración del mundo, del 11 de enero al 22 de marzo cada fin de semana.


En Limoux también puedes encontrar museos como el del piano, el de los autómatas (muñecos con movimiento) y una galería de pintura.
En la plaza suelen haber puestos de venta de frutas, aunque no sea día de mercado.


La iglesia de Saint Martin destaca por su torre puntiaguda y sus gárgolas.


La zona del río Aude es preciosa para dar un paseo. El río separa el pueblo en dos, unido por el puente nuevo (que es en realidad el más viejo, del siglo XV). Las vistas son geniales.



Esta zona es más tranquila y enseguida encontramos el museo del piano, dentro de una antigua iglesia. Hay pianos muy antiguos, pequeños, grandes,... el precio creo que era 1 euro.


















Sin duda lo que más nos gustó fue el Museo de Autómatas. Muñecos articulados con movimiento.
















Es un museo privado, de creación propia y artesanal. Encontrar esta magnifica exposición fue un acierto. Los propietarios son una familia encantadora que se pone a tu servicio desde el primer momento para explicártelo todo.


Si quieres puedes ver un video sobre la historia de los carnavales en Limoux a modo de introducción. Después pasas a la exposición, muy bien recreada con música y distintos ambientes. Nosotras nunca habíamos visto nada igual y nos entusiasmó.


La hija del fundador no nos dejó marchar sin enseñarnos el taller y explicarnos todo el funcionamiento (habla algo de inglés y español).
















Desde que su padre falleció es su pareja y ella los que se dedican a la monitorización y construcción de los muñecos. Nos mostró moldes y partes antes del montaje. Su madre sigue diseñando y cosiendo los trajes, todos espectaculares. Y las máscaras, que parecen venecianas, son chulísimas.


Recorrimos sus calles con escaparates curiosos para acabar cenando en una pizzería con terraza en la plaza, donde nos trataron genial. En un pequeño escenario habían actuaciones. Música ambiental donde hacían versiones blues de canciones actuales. Los niños correteaban alrededor de la fuente color turquesa que es preciosa.


Lo que más nos llamó la atención fue que, a pesar de estar lleno, no se oía una voz alta ni jaleo. (Te das cuenta de lo escandalosos que somos en España cuando vas a sitios así).

Las pizzas como nos gustan, con la masa fina.

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