viernes, 21 de agosto de 2015

MONTOLIEU (Francia) Un pueblo dedicado al libro y las Artes Gráficas.


Dista de la bella Carcasona sólo 18 km. Este pueblo peculiar, sorprende por su singularidad.
Pionero en pueblos dedicados al libro, sabe explotar muy bien su título.


Fue Michel Braibant, allá por 1989, encuadernador que impulsó la creación de la etiqueta para el pueblo y que luego otros pueblos han ido sumándose por toda Europa. En España tenemos Ureña, en la provincia de Valladolid.
Hay una amplia oferta por todas las calles, posee una veintena de librerías y todo lo relacionado con el libro, artesanos, galerías, realización de talleres prácticos y pedagógicos en torno a la tipografía, la caligrafía, la iluminación, el grabado, la encuadernación o la ilustración, museo de Michel Braibant...


Es un pueblo muy tranquilo, para mi sorpresa, pues pensaba que sería muy turístico (más siendo agosto).















Dejamos el coche en el parking habilitado a la derecha del río y cómo las niñas se habían quedado fritas, decidí adentrarme sola por el pueblo. Nada más cruzar el puente, a mano derecha, me llamó la atención una preciosa casa cubierta de hiedra, me metí por la calle y descubrí un lugar que no había visto cuando buscaba información sobre los pueblos de la zona. A todas vistas parecía una antigua fábrica abandonada, pero antes de entrar una placa nos informa que fue resguardo de al menos 400 republicanos españoles huidos en la guerra civil desde febrero a septiembre de 1939.


Otra placa en el edificio de enfrente indica que fue construido en 1739 por orden del Rey Luis XV para fabricar sábanas para la realeza. Este edificio se ha convertido en una casa de vacaciones con diferentes posibilidades de alquiler que además, tienen previsto rehabilitar la fachada original.


En un lateral de la entrada a la fábrica, semi-escondido,  un automóvil antiguo y otros objetos de post guerra. Más adelante la gran fábrica comparte espacios con galerías de arte, restaurante, terraza longue, área de picnic, parking, tiendas y talleres donde niños y mayores podían fabricar su propio papel o telas.



Fue entonces cuando las niñas despertaron de su siesta y quisieron venir a explorar este sitio que les asombró tanto como a mi. Descubrimos juntas una zona en la que habían unos murales y graffittis asombrosos. Para el mantenimiento y mejora de estos espacios hay una caja si quieres hacer un donativo y colaborar. Me pareció una iniciativa ejemplar.


Recorrimos las calles del pueblo ojeando cada librería que encontramos. Aunque la mayoría son en francés, también puedes encontrar libros en español y en inglés.


Hay rincones y detalles en este pueblo que lo hacen especial. Nos hubiera faltado más tiempo para bajar a dar un paseo por el río y seguir descubriéndolo, pero tendrá que ser en otra ocasión.


Desde aquí continuamos por la misma carretera hacia Sassaic para ver su famoso castillo cátaro.

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