Un poco de historia y unas preciosas vistas. Esta frase podría resumir perfectamente nuestra mañana.
Carlos I de España y V de Alemania, el rey más poderoso de la cristiandad, quiso pasar aquí sus últimos días. En un pequeño monasterio hizo construir un pequeño palacio a semejanza del que pasó su niñez.
Aquejado de gota, salía a cabalgar y al volver, por una rampa entraba a palacio sin tener que bajar del caballo.
Asistía a misa prácticamente desde su cuarto, sin necesidad de levantarse.
Su silla de ruedas es la "joya" de palacio, junto a su despacho.
Falleció en septiembre de 1558, después de un mes de agonía y fiebres debido a la picadura de un mosquito.
Paseando por sus habitaciones te puedes hacer una idea de cómo era la vida de los últimos días del monarca; nada pretenciosa para estar acostumbrado a los grandes palacios.
Verás multitud de relojes que, por orden del rey debían sonar todos a la vez. Era un maniático con los relojes y, además los coleccionaba. Por los pasillos, fotos antiguas de la reconstrucción del palacio.
La calma y el sosiego que transmite el lugar te hace entender que aunque fuera el más poderoso de los reyes buscaba la tranquilidad en sus últimos días.
Todas las cruces exactamente iguales y alineadas son de soldados alemanes. Pertenecientes a tripulaciones de aviones o submarinos. Murieron en tierras españolas en las dos guerras mundiales y sus cuerpos, traídos desde todas partes del país se reagruparon en este cementerio donde se les dio sepultura. Aún hay familiares que visitan estas tumbas.



















