viernes, 18 de septiembre de 2015

CARCASONA, la gran ciudad amurallada detenida en el tiempo.


Ostenta el título de Ciudad amurallada más grande de Europa y es el tercer lugar de Francia que recibe más visitas, pasar por la zona y no visitarla sería de locos. También fue de locos meterte en pleno agosto a recorrer sus transitadas callejuelas.

 

Pero con lo que nos gustan las ciudades medievales, la cita con la ciudad medieval era ineludible. Rodeada por dos anillos de muralla, no es de extrañar que fuera infranqueable.





















Cuenta la leyenda que Carlomagno llevaba años acechando la ciudad a la espera de que se quedaran sin víveres y se rindieran. Murió su rey musulmán, pero su viuda, Carcas, no claudicó. Ordenó que se tirará por la muralla el único cerdo que les quedaba y un saco de trigo. Así hizo creer que les sobraba tanta comida que se podían permitir el lujo de tirarla. El ejercito acechador se marchó y Carcas mandó hacer sonar las campanas. De ahí el nombre de la ciudad: "Carcas, sona".  Las niñas se quedaron fascinadas con esta historia.

Monumento a la Dama Carcas.

Carcasona, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, no deja a nadie indiferente. Con más de 2.500 años de historia, su fortaleza construida sobre un dolmen, frenaba al reino de Aragón en el siglo XIII.


La visita al castillo comienza en el patio de armas. Puedes recorrerlo con folleto informativo, audio guía (no quedaban), guiada, visita - conferencia y hay otra opción para escolares y personas con minusvalías (reserva previa). 

Plano de La Cité
Precios y descuentos

Taquillas
Las flechas te van indicando el orden de la visita. En el primer piso proyección de un video de 12 minutos sobre la evolución y la restauración del conjunto medieval, en el siglo XIX por el arquitecto Viollet-le-Duc.

Cadalsos y vistas al patio central del interior del castillo
Sin duda, este castillo es el corazón de la ciudad. Dentro tampoco hay mucha cosa, la verdad. Lo más llamativo es el museo lapidario y algunas pinturas en una sala.


Acceder a los cadalsos (galerías de madera), torres y murallas contemplando los paisajes de este patrimonio excepcional, ofrece una panorámica extraordinaria tanto de la primera muralla, de los exteriores como del centro de la ciudad medieval.

Vistas al exterior e interior de la ciudad














Antes de pasar el puente para entrar al castillo, nos dimos cuenta de que, en el foso habían unos bancos para sentarse y un huerto precioso. Ese foso, según oímos, jamás tuvo agua.















La historia cuenta que la muralla galo-romana no impidió que el lugar fuera conquistado por visigodos, sarracenos y francos. La poderosa dinastía de los vizcondes Trencavel domina el castillo hasta su anexión con el reino. Adquiere, entonces, la apariencia de fortaleza que conserva hoy en día. Hasta la firma del Tratado de los Pirineos, en 1659, Carcassonne protege la frontera entre Francia y Aragón.


El deterioro de la ciudad llega con la anexión del Rosellón al reino de Francia en 1659. Las piedras de sus murallas son reutilizadas cuando, a principio del siglo XIX los militares no pueden mantener las fortificaciones.





Bajamos de su muralla y visitamos la Basílica de Saint Nazaire. Las vidrieras son preciosas. Un coro en concierto te hacía revivir la grandeza del monumento. Desde fuera a la peque le llamaron mucho la atención las gárgolas, sobre todo una con forma de rana.






Comimos al aire libre y a la sombra en el parque junto a la Puerta Narbonne. En un improvisado merendero. Evitamos colas para comer y ahorramos algo de dinero. Aunque para comer en La Cité hay para todos los gustos y bolsillos.

Las calles de La Cité están llenas de tiendas, restaurantes, cafeterías y panaderías.
Junto a uno de los viejos pozos, el Pozo Grande, hay una casa del terror, museo de la inquisición. No entramos y preferimos tomar un helado en una de las múltiples terrazas.


La zona entre las dos murallas puedes recorrerlas en calesas.


Hay una zona en la que por las tardes hacen torneos medievales, aunque a las niñas no les apeteció.


Algo cansados ya, decidimos coger el trenecito blanco en la parada de autobuses (junto al parking de la puerta Narbonne, más barato y mayor recorrido) para recorrer la zona de La Bastide.


Cruzando el puente viejo, las vistas de la ciudad fortificada son espectaculares. Nos faltó dar un paseo por las orillas de Canal du Midi.



Recomiendo llegar pronto, porque los parkings se llenan rápidamente. Y si se puede, dicen, que la mejor época para su visita es en otoño o primavera.
Como puedes comprobar, las opciones son múltiples también para los niños. Un buen lugar para conocer el esplendor de la Francia medieval.

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