viernes, 30 de junio de 2017

MONASTERIO DE YUSTE Y CEMENTERIO ALEMÁN


Un poco de historia y unas preciosas vistas. Esta frase podría resumir perfectamente nuestra mañana.


 Carlos I de España y V de Alemania, el rey más poderoso de la cristiandad, quiso pasar aquí sus últimos días. En un pequeño monasterio hizo construir un pequeño palacio a semejanza del que pasó su niñez.
 















Aquejado de gota, salía a cabalgar y al volver, por una rampa entraba a palacio sin tener que bajar del caballo.
Asistía a misa prácticamente desde su cuarto, sin necesidad de levantarse.
Su silla de ruedas es la "joya" de palacio, junto a su despacho.
















Falleció en septiembre de 1558, después de un mes de agonía y fiebres debido a la picadura de un mosquito.
 


Paseando por sus habitaciones te puedes hacer una idea de cómo era la vida de los últimos días del monarca; nada pretenciosa para estar acostumbrado a los grandes palacios.
Verás multitud de relojes que, por orden del rey debían sonar todos a la vez. Era un maniático con los relojes y, además los coleccionaba. Por los pasillos, fotos antiguas de la reconstrucción del palacio.
La calma y el sosiego que transmite el lugar te hace entender que aunque fuera el más poderoso de los reyes buscaba la tranquilidad en sus últimos días.


Aunque estuvo aquí enterrado (se puede visitar el lugar); en 1573, su hijo Felipe II trasladó sus restos al Monasterio del Escorial, en el Panteón de los Reyes.



Al bajar hacia el pueblo de Cuacos de Yuste, a mano izquierda, hay un pequeño cementerio muy curioso.


Todas las cruces exactamente iguales y alineadas son de soldados alemanes. Pertenecientes a tripulaciones de aviones o submarinos. Murieron en tierras españolas en las dos guerras mundiales y sus cuerpos, traídos desde todas partes del país se reagruparon en este cementerio donde se les dio sepultura. Aún hay familiares que visitan estas tumbas.

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