jueves, 25 de septiembre de 2014

HOSTAL EL TORERO, MÉRIDA

A los pies del puente romano
No teníamos muy claro donde nos íbamos a meter. Normalmente solemos ir más a lo seguro en cuanto a hospedaje se refiere por las niñas. Buscamos la ubicación, algún entretenimiento (piscina, juegos, jardín...),... aunque tampoco somos demasiado exigentes, pero viajando con niños hay ciertos aspectos que debemos mirar.



Mérida no tiene demasiada oferta hotelera como pueden tener otras capitales, y menos familiar. Hay hostales, tres o cuatro hoteles de categoría media (aunque quizás demasiado alejados del centro), el parador y un par de hoteles buenos, pero para nuestra economía un poco disparatados.
Teniendo esto en cuenta y que estábamos inmersos en plena temporada del festival internacional de teatro con artistas de primera... pues los hoteles estaban al completo. Así que por precio, ubicación y disponibilidad encontramos el Hostal El Torero .


Cuando llegamos al hostal-merendero y pedimos la llave en la barra-recepción...dijimos:¿Dónde nos hemos metido? Cuando nos dijeron que era en otro edificio, un poco más adelante, pensé:
- Mi marido me mata. (Como siempre me ocupo yo de estas cosas...con su beneplácito para cubrirme las espaldas...) Bueno, serán sólo tres noches...
Subimos unas largas escaleras con las maletas, pasamos una salita y al abrir... nos sorprendió gratamente.















Uffffff....
Las niñas salieron corriendo hacia la litera a ver quién dormía arriba y quién abajo. La habitación era muy amplia. Con un armario de pared a pared, un escritorio, TV de pantalla plana, un balconcito,...El baño muy limpio y aunque no me gusta nada que pongan cortina en lugar de mampara en la ducha, era amplio y no le faltaba de nada. Sobretodo muy limpio.

 










Pasó el gerente nada más instalarnos para ver qué tal, si estaba todo correcto...
Para ser un hostal, genial.















Había mucho aparcamiento. La zona es muy tranquila, con columpios delante y el parque de las "Siete sillas" al lado, a la vera del Guadiana.


Está a los pies del puente romano, aunque lo peor sean sus casi 800 metros que has de recorrer para cruzar hasta la misma puerta de La Alcazaba y un poco más arriba el centro de la ciudad, con la muy concurrida plaza España y calle de Santa Eulália.
Mientras cruzas el puente romano más largo disfrutarás con las vistas, las decenas de patos (de ahí el nombre del río, anas es pato en árabe).

Patos en el Guadiana
Es fácil ver cigüeñas























El hostal es uno de los mejores sitios donde comerás con los niños. Su amplia terraza cubierta de plantas y árboles le da mucho frescor. Esta preparada para el  invierno con estufas y carpa que se puede cerrar. Hay columpios en el recinto, así que puedes degustar cualquiera de sus raciones sin perder de vista a los niños.
Los menús son variados y bien de precio. Los camareros muy simpáticos, atentos y amables.






Cuando nos fuimos teníamos clara una cosa: cuando volvamos a Mérida, repetiremos.
 
Exterior de La Alcazaba desde el puente romano



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